
En medio del escándalo que envuelve a Adán Augusto López, tras revelarse los presuntos vínculos de su exsecretario de Seguridad en Tabasco con el grupo criminal La Barredora, los rumores sobre su posible salida como coordinador de la bancada de Morena en el Senado comienzan a tomar fuerza. Y con ellos, surge el nombre de un posible relevo: el senador michoacano Raúl Morón.
Morón, quien ha manifestado su intención de competir por la gubernatura de Michoacán en 2027, ya habría sostenido reuniones en Palacio Nacional, según versiones extraoficiales. Incluso se dice que ha sido encomendado con la operación política para la aprobación de perfiles clave en órganos reguladores como el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), piezas fundamentales en la nueva configuración institucional que busca la administración de Claudia Sheinbaum.
A primera vista, el perfil de Morón ofrece ventajas estratégicas. Tiene experiencia legislativa, control político en su estado, y una base militante sólida.
Pero no todo es claridad en el horizonte del senador. Su cercanía con el exgobernador perredista Silvano Aureoles, hoy prófugo de la justicia y señalado por presunto desvío de recursos, es un tema que no pasa desapercibido. En su pasada precampaña, Morón sumó a sus filas a Juan Luis García Conejo, hermano de Aureoles. Y hace apenas unos días, asistió al evento “Despierta Michoacán”, un colectivo en el que confluyen personajes cercanos al exmandatario michoacano, lo que le valió críticas del propio dirigente estatal de Morena, Jesús Mora González, quien públicamente le pidió deslindarse de ese grupo.
En política, los símbolos importan. Y aunque ninguna relación ha sido probada ilegalmente, el simple hecho de mantener nexos —incluso indirectos— con figuras cuestionadas, podría minar la credibilidad de un posible coordinador legislativo, sobre todo en un momento donde la narrativa del gobierno entrante insiste en la ética, la transparencia y la regeneración del poder.
Por otro lado, no puede ignorarse que la posible caída de Adán Augusto López no se daría solamente por el caso de Tabasco, sino también por una pérdida de influencia política. Su peso dentro de la 4T parece haber disminuido tras la elección presidencial, y esto podría abrir espacios para nuevos actores que buscan fortalecer su presencia rumbo al futuro.
¿Será Raúl Morón el indicado para liderar la bancada guinda en el Senado? Aún es temprano para afirmarlo. Pero lo cierto es que su figura ya está en el radar, y su desempeño —y sus decisiones— serán observadas con lupa en las próximas semanas.

